Un Homenaje al Conmemorarse Veinte Años del Fallecimiento de Celia Cruz, y Cien Años de la Fundación de La Sonora Matancera

Por: Jairo Grijalba Ruiz

Especial para Herencia Latina

Visitando la tumba de Celia Cruz

Visitando la tumba de Celia Cruz

En el marco de la conmemoración de los cien años de fundación de la Sonora Matancera ―agrupación musical prestigiosa que surgió para el mundo en la ciudad de Matanzas, Cuba, el 12 de enero de 1924― es válido referirnos brevemente a Celia Cruz, una de las intérpretes más importantes que tuvo la agrupación, cuya voz quedó grabada para la posteridad en más de 188 canciones inscritas dentro de diversos ritmos originarios de la mayor de las Antillas, tales como el bolero, la guaracha y el son.

A propósito de la gran cantante Celia Cruz, la «Guarachera de Cuba» (La Habana, 21 de octubre de 1925 - Fort Lee, 16 de julio del 2003) cada vez que pienso en ella, la evoco de diversas maneras, empero, la evocación que más peso tiene para mí nace de la importancia que tienen sus numerosas grabaciones discográficas, a través de las cuales aquella voz prodigiosa, aquel estilo interpretativo sinigual, se dio a conocer en los cinco continentes; basta con escuchar su voz emergiendo de alguno de los discos que grabó, para corroborar de nuevo que Celia está viva en nuestros corazones.

He seguido la carrera de Celia Cruz a lo largo de varias décadas, buscando información en archivos y entrevistando a personas que trabajaron con ella, tanto en Cuba como en Colombia y en los Estados Unidos; incluso, hace cinco años, aprovechando una estadía en Nueva York, fui a visitar su tumba en el cementerio de Woodlawn, en el Bronx. Recuerdo que era un luminoso día de primavera y la soledad y el silencio del mausoleo en el que reposan sus restos me parecieron absolutamente conmovedores y majestuosos. Igualmente, a comienzos de mayo del 2023 ―durante una visita a la Gran Manzana― regresé a la tumba de la formidable intérprete para rezarle una oración. Con aquella visita a su tumba cerré un ciclo de trabajo que me condujo a escribir el capítulo final de mi libro «Crónicas de Nueva York», dedicado completamente a analizar el perdurable impacto de su obra artística.

No obstante lo dicho, el único recuerdo que me queda de la noche en que fui por primera vez a verla cantar ―durante un concierto realizado en Popayán― es un recuerdo fugaz, efímero, momentáneo, fugitivo y frágil, quizás por la fugacidad misma con la que la memoria infelizmente deja perder, y casi hasta caer en los tremedales del olvido, aquellas emociones, aquellos instantes de júbilo, que en su tiempo nos fueron tan queridos. Desde entonces, cada vez que paso por la ciudad de los rascacielos aprovecho la oportunidad para ir a su tumba y rendirle un respetuoso tributo. Mi visita más reciente realizada a comienzos de febrero del 2024 no podía ser la excepción, puesto que acabábamos de conmemorar los 20 años de su fallecimiento.

Celia Cruz fue reconocida y aclamada en el mundo entero. Hace algunos años ―departiendo hasta la madrugada durante una inolvidable velada en un hotel de Pasto, la capital del departamento de Nariño― el formidable músico colombiano Edy Martínez me contó buena parte de sus innumerables experiencias como pianista acompañante de Celia y de Pete «El Conde» Rodríguez en el curso de una extensa gira por varios países de Europa, y al momento de concluir su pormenorizada remembranza de aquel glorioso tour por el viejo mundo, Edy Martínez exclamó: ― «¡Qué voz, dios mío, qué voz la de Celia Cruz... Oh my God, qué voz!»

Los restos mortales de Celia Cruz ―la formidable cantante que en vida fue comparada por algunos críticos con Edith Piaf, Billie Holiday, Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan― descansan en paz junto a los de su esposo, el trompetista Pedro Knight, en el mismo mausoleo, un sobrio monumento de eterna recordación, situado en un cementerio del condado del Bronx, en el extremo final de la línea 4 del metro elevado de Nueva York. El camposanto es visitado por los seguidores y fieles admiradores de la legendaria intérprete habanera, quienes provienen de los cinco continentes. Esto corrobora nuevamente que ―incluso más allá de la muerte física― la «Guarachera de Cuba» continúa viviendo y despertando la admiración de personas del mundo entero, dada la vastedad, perdurabilidad y arraigo popular de su inmenso legado artístico.

Pese a la presencia constante de los seguidores de Celia que acuden al camposanto para llevarle un ramo de flores o mascullar una plegaria por el descanso eterno de su alma, se corre el riesgo que con el tiempo la tumba pueda llegar a caer en el olvido, tal y como ha sucedido con otros grandes exponentes de nuestra música, como ocurrió, por ejemplo, con la tumba del genial compositor Arsenio Rodríguez, cuyo lugar de enterramiento ―emplazado en un cementerio campestre al norte de la Gran Manzana― estuvo prácticamente olvidado por espacio de cuatro décadas, hasta que en el año 2011.

en el marco de un multitudinario homenaje neoyorquino con motivo de conmemorarse el centenario de su nacimiento, un grupo de sus más acérrimos seguidores afincados en el Bronx ―encabezados por Ralph Méndez― puso remedio a la situación, comenzando las gestiones para sacar la memoria del formidable artista cubano del abandono; proceso que incluyó diversas acciones comunitarias ante las autoridades de la ciudad, y acciones civiles dirigidas a obtener la anuencia de sus herederos legítimos, quienes accedieron a permitir que a la tumba del «Ciego Maravilloso» por fin le fuera puesta una lápida de bronce, de la cual carecía desde enero de 1971, fecha en la que recibió cristina sepultura en el cementerio de Ferncliff. El prestigioso músico Larry Harlow ―uno de sus más vehementes admiradores― en la primavera del 2012 donó entonces el dinero para adquirir la lápida, que finalmente fue situada en el lugar donde reposan los restos de Arsenio.

Al año siguiente ―para impedir que su memoria se perdiera en la desidia― el grupo encabezado por Ralph Méndez consiguió el permiso de las autoridades de la ciudad y le pusieron formalmente el nombre de Arsenio Rodríguez a una calle del condado del Bronx, situada en la confluencia de Intervale Avenue con Dawson Street. Incluso, haciendo un esfuerzo por localizar en Cuba a su única hija legítima ―con el apoyo incondicional del periodista y escritor Tony Pinelli― los organizadores del homenaje contribuyeron para gestionar ante las autoridades americanas el visado correspondiente, de tal manera que la hija y la nieta de Arsenio Rodríguez visitaron la metrópoli estadounidense y se sumaron a la conmemoración.

En una entrevista, la señora Regla María Travieso Montecino, única descendiente del admirado compositor invidente, conmovida manifestó que se había enterado de la muerte de su padre por la radio, pero dado que ella vivía en La Habana y el artista falleció en los Estados Unidos, le fue imposible asistir a su sepelio, dadas las difíciles relaciones diplomáticas que había entre los dos países en el período más crudo de la Guerra Fría, el Bloqueo y el Embargo.

Visitando la tumba de Celia Cruz

Visitando la tumba de Celia Cruz

Hoy en día viven en los Estados Unidos millones de personas procedentes de toda América Latina y del Caribe, y quizás muchos de ellos tengan en mente el deseo de visitar alguna vez en la vida la tumba de Celia Cruz, pero tal vez no saben cómo hacerlo. No saben lo fácil que es llegar al imponente camposanto donde reposan sus restos. También hay miles de seguidores de Celia que viven a lo largo y ancho de América, y quizás muchos de ellos cuentan con la visa para ingresar a territorio estadounidense.

Si ellos ―sumados a los fanáticos de Celia que residen en otros continentes― quisieran visitar la tumba alguna vez, la intención de este artículo es alentarlos a que lo hagan, ya que de esa manera, entre muchas otras, participaremos todos en el proceso de preservación de su memoria y de su legado ―más allá de los museos― como un patrimonio abierto y viviente del que no debe quedar excluido de ninguna manera el deseo permanente de deleitarnos escuchando sus decenas de grabaciones maravillosas, las cuales no solamente quedarán para la posteridad sino que permanecerán en nuestros oídos y en nuestros corazones, corroborando una vez más que en los estrechos límites del magnífico mausoleo que guarda sus restos no prosperarán jamás los gérmenes ni del olvido ni de la ingratitud. Con el propósito enunciado, debo decirles que, en cuanto hagan su arribo a la Gran Manzana y estén instalados en su respectivo hotel, la forma más fácil, barata, segura y rápida de llegar al mausoleo donde reposan los restos de Celia para la eternidad, es tomar el tren 4 del metro de la ciudad.

Nueva York es una gran ciudad, y como cualquier otra gran ciudad del mundo, está llena de personas haciendo ofertas engañosas o de dudosa credibilidad, que además de resultar frustrantes para el visitante podrían llegar a resultarle costosas y hasta peligrosas. Así que, lo primero que les advierto es no dejarse estafar. No faltará quien les prometa llevarlos hasta la tumba, ofreciéndoles transporte, ya sea en bus, automóvil, taxi o camioneta, pero querrá cobrarles una suma exorbitante, más allá de los cien dólares, suma por lo demás exagerada, teniendo en cuenta que la ciudad dispone de un confortable, rápido, barato y seguro servicio de transporte público con los trenes del metro.

La tarjeta del metro está por el orden de los treinta y cinco dólares aproximadamente y tiene vigencia para una semana completa de servicio por persona. Es fácil adquirirla y resulta económico utilizarla para moverse por toda la urbe, puesto que tiene validez para el metro, el bus urbano e incluso para el ferry.

El mencionado tren 4 puede ser abordado en Manhattan en cualquiera de las múltiples estaciones del Subway que se encuentran a lo largo del corazón de la metrópoli neoyorquina. Si fuere necesario mencionar alguna estación del metro que les sirva de referencia a los lectores, podemos afirmar que la forma más sencilla es abordar el tren 4 en Grand Central Station, la estación subterránea de la calle 42, situada en el Midtown. Esta estación es un punto de partida y llegada obligatorio de buena parte de los trenes que prestan el servicio de transporte masivo a los habitantes y visitantes de la ciudad, y la menciono debido a su fácil acceso y ubicación. Tan pronto como adquieran la tarjeta para acceder al servicio metropolitano ―la cual se puede comprar en cualquiera de las estaciones― también tienen la posibilidad de solicitar el mapa de la ciudad ―conocido como Subway Map― un extenso y completo plano impreso y plegable que contiene toda la información básica de rutas, frecuencias y accesos dentro del sistema de transporte público, que cualquier ciudadano y visitante necesita para moverse con absoluta confianza a través del sistema de trenes, cuyo suministro es gratuito una vez adquirida la tarjeta.

Queda como opción ―para quien tenga acceso al celular― descargar la aplicación del metro de Nueva York, ya que esto facilita la ubicación de rutas y la localización inmediata de sitios y destinos a través de Google Maps y otras herramientas de fácil consulta; empero, está el mapa impreso para guiarse sin dificultades y andar por la ciudad sin riesgo de perderse. Esto último lo digo porque estando en las estaciones subterráneas esperando el tren funcionan perfectamente todas las aplicaciones del celular, pero una vez que el tren se pone en movimiento por los laberínticos subterráneos de Manhattan la señal del celular se pierde hasta llegar a la siguiente estación. Con la ruta del tren 4 del metro de Nueva York no se presenta este inconveniente a partir de la estación del Yankee Stadium, en vista de que de allí en adelante el tren es elevado y la señal de internet es constante.

Visitando la tumba de Celia Cruz

Visitando a La Guarachera de Cuba - Celia Cruz - 10-21-1925 - 7-16-2003

Los visitantes también tienen la posibilidad de abordar el tren 4 en la estación de la calle 125, ubicada en Harlem, y, en última instancia, el metro podrá ser abordado en el Bronx mismo, en la estación del Yankee Stadium, punto de referencia de muy fácil acceso en la inmensa urbe norteamericana. Una vez a bordo de los vagones del tren 4, es muy sencillo desplazarse hasta Woodlawn Station. Esta es la última estación de la ruta del tren 4, allí termina el recorrido. Bajan justo en esa estación y a mano derecha está el cementerio de Woodlawn, a tan sólo unos pasos de distancia.

Luego se dirigen a la puerta más cercana y le solicitan al conserje el mapa del camposanto. Con el mapa se guían hasta llegar al lugar donde reposan los restos de la inmortal artista cubana. El cementerio es enorme, así que, se requiere del mapa y es preciso obtenerlo para ganar tiempo y llegar sin problemas al mausoleo. Los cementerios neoyorquinos tienen días de atención y horarios establecidos para recibir a los visitantes. Es necesario cerciorarse muy bien, previamente a la visita, para confirmar que el día que vayan a ir, las puertas de acceso al público se encuentren abiertas. Para tal propósito pueden descargar en el celular la página web del cementerio de Woodlawn:

www.woodlawn.org

Por lo general el horario de atención al público del cementerio no varía a lo largo del año, salvo en ciertos días festivos de celebraciones especiales en los Estados Unidos de América. Por fuera de este horario no serán atendidos y el acceso les será denegado por la administración sin contemplaciones.

El horario del cementerio es el siguiente

Abierto los 7 días de la semana de 8:30 a.m. a 4:30 p.m.

Si van a ir a visitar la tumba de Celia, recomiendo que vayan temprano, en horas de la mañana, debido a que hay que recorrer largas distancias tanto a la ida como a la venida. En caso de inclemencias meteorológicas o fuertes vientos (según cada una de las cuatro estaciones del año), llamen con antelación para asegurarse de que el cementerio de Woodlawn está abierto o póngase en contacto con el personal de conserjería en la página web para obtener respuesta inmediatamente a cualquier pregunta que pueda surgir.

El cementerio está cerrado los siguientes días festivos
  1. New Year’s Day (día de año nuevo)
  2. Martin Luther King Day
  3. Presidents’ Day
  4. Memorial Day
  5. Independence Day (4 de julio)
  6. Labor Day (día del trabajo. En los Estados Unidos se celebra en fecha diferente al día del trabajo que se celebra en Colombia)
  7. Columbus Day
  8. Veterans Day
  9. Thanksgiving (día de acción de gracias)
  10. Christmas Day (día de navidad)

La dirección del cementerio de Woodlawn es 4199 Webster Avenue, Bronx, New York, 10470 (La pueden poner en el GPS del teléfono móvil para verificar dentro del tren 4 a qué distancia se encuentran del lugar de destino).

El teléfono de la administración del cementerio para toda solicitud o pregunta es (718) 920-0500.

Cuando nos referimos a Woodlawn Cemetery es preciso mencionar que se trata de un cementerio gigantesco que semeja una ciudadela campestre, y está emplazado en el extremo norte de la ciudad de Nueva York, en un enorme predio rural del condado del Bronx; por esta situación concreta el visitante debe ir preparado con la ropa adecuada para el clima según en qué estación del año realice la visita. Si es en el verano las temperaturas serán muy altas ―así como también la humedad ambiente― y requerirán de hidratación propia y refrigerio, además de tiempo suficiente para llegar temprano al sitio, realizar la visita a la tumba de Celia Cruz y retornar con tranquilidad al hotel, que por lo general estará situado a una gran distancia del camposanto.

Si la visita es realizada durante la estación invernal, además de asegurar la hidratación y el refrigerio, el visitante se enfrentará a las bajas temperaturas y probablemente a la nieve, a la neblina y a la lluvia, dado que Nueva York es una ciudad muy lluviosa, incluso en verano, y por lo tanto es recomendable aprovisionarse de ropa térmica, gorro, guantes y calzado adecuado para afrontar el frío. Si bien la entrada principal del cementerio está en la Avenida Webster, dado que mi orientación y consejo es que el visitante llegue al camposanto en la línea 4 del metro elevado de la ciudad de Nueva York, el acceso más recomendable es a través de la puerta situada en la Avenida Jerome, la cual se conoce en inglés como Jerome Avenue Entrance. Esta puerta es muy fácil de ubicar visualmente tan sólo al descender del tren, justo al costado derecho de la salida de la estación Woodlawn Station, la última parada, donde finaliza el recorrido del tren 4.

Es recomendable ir a visitar la tumba en grupos pequeños de personas, de cuatro o cinco personas máximo, de dos personas, mínimo, para que se sitúen de forma cómoda y segura en los vagones del tren 4 y marchen acompañados y seguros tanto a la ida como al regreso. Recomiendo no descender del vagón hasta que el tren 4 termine todo su recorrido en Woodlawn Station. Nueva York, como cualquier otra gran ciudad del mundo, ofrece peligros y entraña riesgos para la integridad y efectos personales de los usuarios del metro. En mi experiencia personal visitando la tumba de Celia Cruz generalmente he ido solo, ya que me desenvuelvo muy bien por los recorridos del metro y conozco la ciudad prácticamente en toda su amplitud y extensión. Pero en este caso se trata de ir a un predio rural, alejado de Manhattan, y se supone que el visitante no domina las ubicaciones, lugares y recorridos.

Por lo tanto mi recomendación principal es no apartarse de la ruta del tren 4 ni a la ida ni al retornar a sus respectivos hoteles. El regreso, después de visitar la tumba de Celia Cruz, debe hacerse en el mismo tren 4, pero esta vez el recorrido es a la inversa, es decir, una vez que salgan del cementerio por Jerome Avenue Entrance se encontrarán de frente con la Woodlawn Station, la última parada, donde finaliza el recorrido del tren 4. Allí accederán al tren 4 y este los regresará a Manhattan sin necesidad de cambiar ni de vagón ni de ruta, por el mismo costo de la ida. Así las cosas, solamente deberán pasar la tarjeta personal del metro en el dispositivo de la Woodlawn Station, abordar el tren 4, y este los conducirá muellemente por donde vinieron.

El cementerio de Woodlawn es un Monumento Histórico Nacional de los Estados Unidos de América y fue fundado en 1863. La zona de Woodlawn es un antiguo asentamiento de inmigrantes de origen irlandés, quienes llegaron a ese gran país buscando fortuna. En toda el área se habla inglés, pero al mismo tiempo la población del Bronx es predominantemente latina, de origen puertorriqueño, así que, además de personas de origen boricua, encontrarán en toda el área personas procedentes de otros lugares del continente, quienes aparte del inglés, también hablan español. Estas personas los guiarán con amabilidad en caso de que requieran alguna indicación de última hora, no contemplada en estas líneas.

Debido a que se trata de un cementerio gigantesco y de gran importancia, en el mapa del camposanto que ustedes los amables lectores de este artículo recibirán a la entrada del lugar, encontrarán las indicaciones precisas, no sólo para llegar a la tumba de la gran Celia Cruz, sino que muy cerca del mausoleo de Celia, a pocos pasos de allí, podrán encontrar sin dificultades las tumbas de otros personajes famosos de la música estadounidense como el legendario pianista y compositor Duke Ellington, el trompetista Miles Davis, el baterista y cantante Lionel Hampton, el padre del blues William Christopher Handy, los saxofonistas Jackie Mclean, Illinois Jacquet y Coleman Hawkins, el vibrafonista Milt Jackson, el trompetista Joe King Oliver, el baterista Max Roach, el pianista Cecil Taylor, el trompetista Cootie Williams y el flautista dominicano Johnny Pacheco. Si estos nombres les dicen algo, y pueden sacar tiempo, también recomiendo especialmente aprovechar la ocasión y visitar sus tumbas; vale la pena la experiencia.

Al acercarse con respeto a la tumba de Celia Cruz recomiendo llevar un ramo de flores, siempre y cuando que esté al alcance de su bolsillo, ya que por ser importadas desde Colombia, buena parte de las flores que se consiguen en la ciudad de Nueva York constituyen una onerosa erogación para el visitante. En caso de no poder llevar las flores, basta con una oración sincera y fervorosa para rendirle tributo a la «Guarachera de Cuba», cuyos restos, junto a los de Pedro, su esposo, descansan en paz en aquel silencioso e imponente lugar sagrado.

Anexo al presente algunas fotografías de mis visitas a la tumba de Celia Cruz.

Jairo Grijalba Ruiz

Jairo Grijalba Ruiz - jairogrijalbaruiz@gmail.com